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Página 5 de 5 EL PANORAMA MACROECONÓMICO (V) He recibido varias peticiones de lectores para escribir un artículo de Macroeconomía, pero más centrado en los efectos que puede tener en España una recesión. Esta es la respuesta a sus peticiones: Conforme va pasando el tiempo, el ambiente bursátil se enrarece. El jueves, ante oleadas de pánico, las bolsas cerraban con pérdidas considerables. El viernes, se produjo un rebote. Interpretemos qué está ocurriendo. La naturaleza del inversor tradicional, ahorrador que invierte a largo plazo el dinero que no necesita de manera inmediata, hace que sea conservador, incluso psicológicamente. Se resiste a vender aun pensando que los valores bajarán. Este tipo de inversor en muchas ocasiones tiene un límite de resistencia a la baja, y una vez traspasado éste, deshace posiciones y posiblemente no vuelva a entrar en bolsa. El jueves salieron muchos miles de inversores de este tipo de la bolsa. Los que entraron el viernes han sido especuladores a la luz de beneficios fáciles. Quiero hacer una pequeña observación: El valor más sólido de la bolsa, Telefónica, sufre variaciones de a veces un 4% diario. Esto era impensable hace algunos años. El motivo de estas oscilaciones está no sólo en la bolsa por internet y en el llamado "capitalismo popular" sino en un cambio de perfil del inversor medio, que en muchos casos es decididamente un especulador, y que introduce ruido en el sistema. En este contexto, fiarse de la bolsa como termómetro es aventurado, pero sin embargo, sí podemos establecer unos criterios históricos que nos sirvan como referencia. Las bolsas suelen adelantarse a las crisis en unos seis meses, y sus caídas son proporcionales a la magnitud de dichas crisis, aunque no siempre una caída precede a una crisis. Este curioso comportamiento se debe a ciertas conjunciones. Los ciclos económicos, muy influidos por circunstancias políticas, tienen un valle. Este valle se traduce en una bajada de pedidos y ésta en una consiguiente rebaja de expectativas empresariales, lo que a su vez hace descender el valor. Sin embargo, este descenso es sobre expectativas y pedidos futuros. Este circuito tiene efectos multiplicativos. Una pequeña perturbación en la cabecera puede amplificar los efectos aguas abajo. La economía de esta década se ha basado fuertemente para su desarrollo en las expectativas bursátiles, ya que se ha establecido un vínculo que antes nunca había existido, entre la bolsa y el consumo de las familias. Este factor hace que los ciclos expansivos lo sean más y las crisis vengan más rápido y sean más virulentas. Actualmente, se considera la situación desde un punto de vista histórico, con el inconveniente de que este entorno nunca se ha dado históricamente, y los efectos sinérgicos que pueden existir en el sistema económico son casi desconocidos. La experiencia está demostrando, y cada día más, que las previsiones sobre crecimiento son poco más que una ordalía fortuita. La baja tasa de ahorro, los altos niveles de endeudamiento doméstico, los apalancamientos de las empresas, la bajada de la inversión pública, las fuertes implicaciones inmobiliarias y crediticias del sistema bancario y los precios energéticos parecen haberse juntado, y las características hacen que, a diferencia de otros tiempos, sea muy difícil influir decisivamente en estos factores simplemente bajando los tipos de interés. Llegado este punto, resumamos la situación internacional. EEUU tiene todos los indicadores en mala situación: Demanda interna, bienes de equipo, demanda de capitales, endeudamiento, perspectivas, consumo de las familias...hasta las pernoctaciones en hoteles están sufriendo. Japón, en un entorno deflacionista, con altos precios energéticos, y por si fuera poco con su exigua demanda interna bajo mínimos, no podrá ayudar. Europa es una economía mucho más sólida que la norteamericana, sin crecimientos espectaculares, pero mucho más cohesionada y avanzada desde el punto de vista cívico. En épocas como la que hemos pasado, es vista por los analistas como "un dinosaurio" que no aprovecha las oportunidades. Sin embargo, en situaciones como la actual es cuando se ven claramente las ventajas. España es, dentro de Europa, la economía más parecida a Estados Unidos. Su mercado laboral está mucho más desregulado que el del resto de la CE, sus impuestos son menores y la red de infraestructuras, comparativamente, es peor. La diferencia es el escaso dinero que se invierte en Investigación y Desarrollo en España y nuestra implicación en sectores de bajo valor añadido, así como el insuficiente nivel de inversión en infraestructuras, cuyo resultado veremos en unos pocos años. Las multinacionales españolas se han involucrado en negocios de alto riesgo, invirtiendo en países donde los propios estadounidenses no lo han hecho a pesar de tener la maquinaria política, económica y militar de su país respaldándoles. Esto se traducirá seguramente con castigos en las cotizaciones bursátiles, que serán tanto mayores cuanto peor sea la crisis. Si la recesión es en forma de V, como dicen muchos analistas, la recesión nos afectará igual que a EEUU, y Europa nos servirá de freno en la caída, de manera que seguramente la atravesaremos sin casi enterarnos. Sin embargo, parece poco probable que una década de ganancias bursátiles desmesuradas, de endeudamiento y de burbujas financieras se pueda arreglar en seis meses. Más normal es que ese período dure unos dos o tres años, sin descartar que se instale de forma más prolongada en nuestra economía. Ahora, examinemos el contexto de nuestro país. Las últimas cifras arrojan datos muy negativos de desaceleración en el consumo de los hogares y la demanda nacional, y en la formación bruta de capital fijo. Este último está en rojo, dato que me parece preocupante. El diferencial de inflación aumenta y la creación de empleos está desacelerándose, así como el índice de producción industrial. Este último ha sufrido una brusca variación de expectativas respecto a la última estimación que existía, a la baja. Los indicadores fundamentales que permiten adivinar la extensión y rapidez de cualquier movimiento económico, suelen ser los indicadores de consumo interno y de producción industrial, así como los índices de demanda de bienes de equipo y energía eléctrica. Todos ellos arrojan preocupantes recortes respecto a las previsiones de hace unos pocos meses. La conclusión inmediata es que la recesión de EEUU nos está afectando a mayor velocidad que a nuestros vecinos, y que en dos trimestres las cosas podrían complicarse si no se arreglan desde fuera, y por ahora éso está complicado. Por último, un dato curioso, para aquellas personas que vayan a comprar piso. Éstos llevan subiendo ininterrumpidamente unos 15 años, y eso ha creado una especie de sentimiento extendido de que "nunca bajan", algo similar a lo que ocurría en la bolsa de valores hace un año, cuando parecía que "las ganancias no tenían fin". Se están juntando una serie de factores que sugieren un cambio de tendencia a principios del año que viene. Los indicadores de consumo de cemento y de peticiones de licencias de construcción arrojan drásticas reducciones, lo que teniendo en cuenta que son indicadores adelantados, permiten suponer una desaceleración de la construcción a principios de 2002. Las constructoras están descontando una desaceleración de la demanda para esa época, momento en el cual además mucho especuladores venderán propiedades inmobiliarias que han estado acumulándose dos años, una vez esté en circulación el euro. La combinación de un aumento de las ventas especulativas, y cierta debilidad de la demanda pueden conseguir que el año que viene los precios de los pisos bajen en términos reales, y quizá acusadamente, ya que el mercado no está habituado a bajadas y su reacción podría ser imprevisible. Ignacio R.C. Sugerencias y críticas a
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