Cuando se habla de inversiones y movimientos en los mercados financieros, por lo general nos suele venir a la cabeza la idea al uso del mercado bursátil, las típicas acciones de empresas como puede ser, por ejemplo, la compra-venta de acciones de Telefónica, una de las compañías que forma parte del IBEX-35. Sin embargo, como muchos ya saben, el mercado bursátil no es (ni mucho menos) el mercado financiero con más movimientos de capital de todo el mundo. En esa posición aparece un espacio económico mucho mayor y que cuenta con una importancia económica, financiera y política muy por encima de la de la Bolsa: el Forex (Foreign Exchange, o mercado de divisas en español).

Qué es el Forex y cómo funciona este espacio financiero es más bien simple: el mercado a través de la ley de la oferta y la demanda se establece un tipo cambiario entre las diferentes divisas mundiales. Por ejemplo, hoy cada dólar se está pagando a 0,87 euros. Dicho esto, y teniendo en cuenta que dichas valoraciones están en constante cambio, los inversores y especuladores financieros tratan de adelantarse a las próximas variaciones de las divisas para hacerse con un beneficio. Es decir, compran hoy dólares por valor de 0,87 euros esperando venderlos en semanas, meses o años por una cotización superior, ya sea de 0,90, 0,96 o 1 euro por cada dólar.

El mercado de divisas, además de su función como espacio de inversión financiera, también es un importante factor geopolítico y económico a nivel global. En el Forex se deciden las valoraciones de las monedas respecto a sus pares internacionales, y esto puede tener una influencia enorme en los balances comerciales de cada país (una valoración baja fomenta la exportación mientras que una moneda muy fuerte la estrangula), además de servir como reflejo del estado anímico de cada sistema económico y financiero.

A día de hoy, quizás no hay mejor ejemplo que el chino para ilustrar la importancia que las valoraciones de una divisa y sus cambios pueden tener en el estado económico de una nación y, por extensión, en el conjunto de la economía global.


El yuan, una divisa controlada por el Estado
Por todos es sabido que la economía china es un elemento especial en el mundo de hoy en día, una especie de capitalismo de estado centrado en convertirse en la economía más competitiva a nivel mundial. Pues bien, dentro de dicho contexto, las fluctuaciones de la divisa china (el yuan) han sido controladas durante gran parte de la historia por parte del Banco Popular Chino, que durante mucho tiempo ha estado preocupado por mantener la paridad de su divisa frente a la valoración del dólar. El objetivo: favorecer a las grandes empresas estatales que tienen gran parte de su deuda financiada en dólares, por lo que una pérdida de su valoración frente al dólar supondría pérdidas millonarias para dichas empresas y, por lo tanto, para el Estado.

Sin embargo, este panorama ha creado un punto de fricción muy importante tanto dentro de la sociedad china como fuera de esta. Primero de todo, se debe partir de dos supuestos básicos. Uno, que de liberalizarse, el yuan chino caería considerablemente frente al dólar. Una liberalización reclamada tanto por actores extranjeros (como el FMI) como por elementos nacionales chinos, como por ejemplo las compañías exportadoras, que ven en un yuan más débil una oportunidad de oro para aumentar sus ventas fuera de China. Durante un tiempo a finales de 2015 dicha presión funcionó, pero a los pocos meses el Estado retomó las riendas sobre la divisa nacional frente a la fuerte depreciación que estaba sufriendo la economía nacional: la caída de las acciones chinas en las dos primeras semanas tras la liberalización fue del 25%. Y dos, que haga lo que haga el yuan, el peso sobre la economía mundial será enorme, ya que China controla a día de hoy un 15% de la producción mundial.

Ahora que ha vuelto en gran parte el control estatal sobre el yuan, la cuestión es saber por cuánto tiempo volverá esta supuesta estabilidad de la divisa china. Los inversores y economistas de todo el mundo, por supuesto, no quitan ojo de las posibles fluctuaciones de la moneda, que sin duda alguna es una de las protagonistas principales de la vida diaria de los mercados financieros.