Seré directo desde el principio: los robots ya están aquí. No es ciencia ficción, no es un titular sensacionalista y no es algo que va a pasar «en algún momento del futuro». Está pasando ahora mismo. Prueba de ello es el hilo sobre la 4ª Revolución Industrial donde vamos comentando estos temas en el Foro desde 2017). La pregunta que deberíamos hacernos no es si va a cambiar nuestra economía, sino a quién va a beneficiar… y a quién va a dejar tirado en la cuneta.
Porque, queridos lectores de X-Trader.net, hay una diferencia enorme entre vivir en una época de abundancia y participar de esa abundancia. Y me temo que muchos podrían llevarse una desagradable sorpresa al respecto.
Figure 02: El Empleado del Año que Nunca Pide Vacaciones
Hace unos días me puse a leer en detalle lo que está ocurriendo en las instalaciones de Figure Robotics en San José (California). Y lo que encontré me dejó bastante pensativo.
Su último robot humanoide estuvo funcionando de forma completamente autónoma durante 67 horas consecutivas: tareas de cocina, gestión de paquetes, logística… sin un solo error. Aquí podéis cómo funciona el robot en vídeo:
Y ojo, no estamos hablando de un prototipo de laboratorio ni de una demo para inversores. Estamos hablando de un producto listo para ser desplegado en el mundo real, impulsado por Helix 02, una única red neuronal que controla todo el cuerpo del robot en tiempo real y que (atentos a esto), una vez que domina una tarea, propaga ese conocimiento al instante a toda la flota. Los humanos no funcionamos así. Los robots, sí.
Otro ejemplo es el famoso directo que hemos visto estas semanas en el que un humano y un modelo aún más avanzado, Figure 03, competían por ver quién clasificaba un mayor número de paquetes. Mientras que el humano se permitía el «lujo» de ir al baño, descansar media hora o irse a comer, tres robots funcionaban en varios turnos, sustituyéndose entre sí cuando se le acababa la batería a uno de ellos.

Lo mejor de todo: ¿sabéis qué precio tendrá un robot de estos? Unos 300 dólares al mes en concepto de arrendamiento, unos 10 dólares al día. Comparad eso con un salario mínimo en EE.UU. que de media ronda los 12 dólares por hora.

Las matemáticas son sencillas: el robot es unas 50 veces más barato que el humano al que reemplaza, trabaja las 24 horas del día, no tiene bajas por enfermedad, no necesita vacaciones y jamás pone una queja en recursos humanos.
Y sí, sé que lo estáis pensando: si os lo queréis comprar por ahora es un prototipo valorado en 130.000 dólares. Pero tranquilos que ya bajará.
Desde el punto de vista empresarial, la decisión es muy obvia. JPMorgan ya reconoce en sus propios informes ganancias de eficiencia del 40-50% en ciertas operaciones gracias a la IA. Añadidle una capa de trabajo físico robotizado y tenéis la fuerza deflacionaria más potente sobre los costes empresariales que hemos visto en toda la historia moderna.
Los accionistas lo van a celebrar. Los trabajadores, no tanto.
La Economía en K: Ya Estaba Rota Antes de que Llegasen los Robots
Y aquí viene el problema gordo. Porque cuando se habla de la revolución robótica como si fuera a caer sobre una economía sana y equilibrada, se está ignorando un detalle bastante relevante: la economía ya estaba profundamente rota antes de que apareciese un solo humanoide en una fábrica.
Los datos de la Reserva Federal son demoledores: el 1% más rico de los hogares estadounidenses acumula casi el 32% del patrimonio neto total. El 50% más pobre, en conjunto, el 2,5%. La parte del PIB que va a parar a los trabajadores en forma de salarios acaba de marcar su nivel más bajo en más de 75 años de registros del Bureau of Labor Statistics. La clase media ha pasado de representar el 61% de la población en 1971 a apenas el 51% en 2023.
Por cierto, ¿os suena esto? Parece que es una tendencia global.

Y esto, insisto, antes de los robots. No estamos hablando de una anomalía temporal, sino de un problema estructural y fundamental. Los beneficios de la productividad tecnológica han ido a parar, de manera sistemática y desde hace décadas, a los propietarios del capital, no a los trabajadores. Es lo que ahora se denomina «economía en forma de K«.
¿Alguien tiene motivos para pensar que con los robots humanoides esto puede cambiar? Yo, sinceramente, no los veo.
El FMI estima que la IA podría afectar significativamente al 40% de los empleos a nivel mundial, y la distribución del riesgo es profundamente desigual. Los empleos de nivel de entrada, que históricamente han sido la puerta de acceso al mercado laboral para los trabajadores más jóvenes, son exactamente los que se están automatizando primero.
Si buscáis paralelismos en la historia podemos encontrarlo por ejemplo en las comunidades del Medio Oeste americano vaciadas por la automatización industrial en los noventa. Pero la próxima oleada podría ser entre 10 y 100 veces más disruptiva, porque afecta simultáneamente al trabajo manual y al trabajo intelectual. No hay escalón al que subirse cuando te están quitando todos los peldaños a la vez.
La Trampa de la Renta Básica Universal
Ante este panorama, la respuesta política más popular (y posiblemente populista) es la que ya conocemos: «mandemos cheques a la gente». La Renta Básica Universal se ha convertido en el mantra favorito de quienes quieren gestionar el desplazamiento laboral causado por la automatización. El problema es que esta solución no funciona
Los experimentos reales con Renta Básica Universal, como los realizados en Finlandia o en el condado de Stockton en California, muestran resultados bastante consistentes: las transferencias de dinero aumentan el consumo a corto plazo y reducen el estrés declarado por los participantes. Lo que no hacen es aumentar el empleo ni impulsar la recualificación profesional. El mayor efecto conductual observado fue… un aumento del tiempo dedicado al ocio. No exactamente la revolución productiva que prometen sus defensores.
Y es que un cheque sustituye al salario. No sustituye a nada más. El trabajo no solo da dinero; da identidad, estructura y propósito. Una transferencia mensual no soluciona eso.
Y hay un problema estructural más profundo: una economía no puede funcionar a base de transferencias. La producción debe preceder al consumo. Si el gobierno reparte dinero sin un aumento paralelo de la producción real, el resultado es inflación.
Entonces, ¿Todo Está Perdido?
No seré catastrofista (aunque alguno me ha dicho que soy el ZeroHedge español 😂), porque creo que el catastrofismo tampoco ayuda a nadie. La Revolución Industrial también destruyó empleos masivamente: los artesanos perdieron su trabajo frente a las máquinas, oficios enteros desaparecieron. Y sin embargo, lo que vino después fue un siglo de mejora sostenida en el nivel de vida de quienes supieron adaptarse.
La clave no estuvo en los subsidios. Estuvo en el acceso a nuevas habilidades, nuevas instituciones y nuevos mercados.
La economía robótica también generará demanda de roles que los robots no pueden cubrir fácilmente: el maestro electricista que resuelve imprevistos en una instalación industrial, el cirujano experimentado, el ingeniero estructural. Y también creará una enorme demanda de técnicos de mantenimiento de flotas robóticas, gestores de sistemas autónomos, especialistas en datos de entrenamiento. No son empleos de ciencia ficción: son los trabajos derivados de la infraestructura que se está construyendo ahora mismo.
La Clave que Nadie Quiere Discutir: La Propiedad del Capital
Pero hay una palanca que casi nadie menciona y que, en mi opinión, es la más importante de todas: quién posee los robots.
La economía en K es, en esencia, un problema de propiedad del capital. Los hogares que se benefician de la automatización son los que poseen acciones de las empresas que la despliegan. Si una trabajadora de almacén desplazada por un robot tiene acciones de la empresa cuyo robot la reemplazó, la ecuación económica es radicalmente distinta a si no las tiene.
Ampliar el acceso a la propiedad del capital productivo, ya sea a través de planes de pensiones de empresa, la participación accionarial de los empleados o plataformas de inversión accesibles, hace más por la igualdad a largo plazo que cualquier transferencia gubernamental.
¿Y Qué Hacemos con Nuestro Dinero Mientras Tanto?
Desde el punto de vista inversor, la economía robótica ofrece algunas de las oportunidades más asimétricas que se han visto en muchos años. Fabricantes de robots, diseñadores de chips para redes neuronales como Nvidia, software de automatización industrial, infraestructura energética para alimentar toda esa computación… los beneficiarios obvios son claros. El problema es que las valoraciones en ese sector ya descuentan expectativas extraordinarias. Morgan Stanley asigna un 50/50 a la probabilidad de que el gasto en IA y robótica cumpla las expectativas del mercado, recordando que los plazos de implementación suelen retrasarse y las ganancias de productividad tienden a concentrarse en unos pocos grandes actores.
Eso no significa que haya que ignorar el sector. Significa que hay que dimensionar bien las posiciones y no perseguir narrativas a múltiplos disparatados. Por si buscáis ideas, aquí tenéis una interesante tabla con algunas empresas a vigilar:

El ángulo menos obvio, y quizá más interesante, es el efecto deflacionario sobre las empresas muy dependientes de mano de obra en servicios: hostelería, restauración, logística. Para algunas será una historia de expansión de márgenes. Para otras, de destrucción de demanda, porque una parte importante de sus clientes trabaja exactamente en los empleos que van a desaparecer. Las que sobrevivan serán las que logren reducir costes laborales y mantener el poder adquisitivo de su base de clientes.
Conocer el resultado de todas estas interacciones desde luego no es nada fácil.
Conclusión
El tiempo de la abundancia está llegando. Sobre esto no tengo duda alguna. Pero la abundancia distribuida a través de la propiedad del capital es algo completamente diferente a la abundancia distribuida a través de cheques gubernamentales. La primera se compone. La segunda se erosiona.
La historia ha repetido este experimento muchas veces. Y el resultado no es ambiguo.
La pregunta no es si los robots van a transformar la economía. Ya lo están haciendo. La pregunta es si estaremos posicionados en el lado correcto de la balanza cuando eso ocurra.
Saludos,
X-Trader






