Llevamos toda la semana oyendo comentarios en los medios y de los políticos tratando la posibilidad de que haya un rescate de España, al igual que ya ha sucedido con Irlanda, Grecia o Portugal. Pero ¿hay posibilidades reales de que se produzca un rescate de España? Unos dicen que es imposible porque España está adoptando las reformas necesarias para evitarlo y que van por buen camino; el exbanquero metido a ministro de Economía lanza amenazas nada veladas (“como vengan otros a hacer los PGE se verá lo que es un ajuste de cuentas”); mientras tanto otros miran de reojo la línea del 7%, la rentabilidad de nuestra deuda a partir de la cual se considera que está el punto de no retorno; e incluso están los que consideran que España es “demasiado grande para caer” (puede leerse con doble sentido).

Lo cierto es que, independientemente del ruido de los mass media, las cosas no pintan bien e incluso personalmente me atrevo a decir que están bastante peor que cuando escribí este otro artículo hace un año y medio. Porque ya tenemos datos suficientes desde el punto de vista económico para valorar de manera objetiva por donde van los tiros; y desde luego no pintan nada bien.

Hace dos domingos el gran Victorio Valle de Funcas, al cual por cierto tuve la suerte de conocer al comienzo de mi carrera como profesor de universidad,  escribía en el suplemento de negocios de El País un excelente artículo que posiblemente sea uno de los mejores análisis de la situación estructural actual de la economía española que he leído en mucho tiempo. De ese artículo cabe destacar un riesgo muy importante del cual nadie está hablando y que afecta claramente a la recuperación económica de este país. Se trata del denominado jobless recovery, esto es, la posibilidad (quizás no contemplada por el Gobierno) de que se produzca crecimiento sin crecimiento de empleo. Y desde luego los cuatro pilares que señala el sr. Valle en el artículo apuntan a que podría ser así. En particular podemos encontrarnos con que:

  • Es probable que la productividad del trabajo aumente lo que producirá que sean necesarios menos puestos de trabajo en el futuro, de tal forma que el crecimiento del empleo vaya rezagado con respecto a la recuperación de la producción.
  • Puede producirse un aumento importante de la población activa debido a la vuelta al mercado laboral de activos desanimados que buscan trabajo en cuanto perciban una recuperación de la economía, y a la incorporación de otros colectivos que tradicionalmente no buscaban trabajo (por ejemplo, amas de casa). Con ello se contribuirá a inflar la tasa de paro ya que toda esta nueva fuerza laboral seguramente no encuentre trabajo.
  • La brutal restructuración sectorial que ha seguido al derrumbe del sector inmobiliario exige que el elevado paro existente sea absorbido por el resto de sectores que en su mayoría son menos intensivos en el factor trabajo. Se trata de un ajuste lento y complejo y requiere reducciones salariales muy intensas.
  • Las empresas intensivas en capital presentan una base más sólida para demandar crédito que las intensivas en mano de obra, las cuales disponen de menos elementos patrimoniales que puedan servir como garantía para créditos. Por tanto, se creará un círculo vicioso en el que se tenderá a fomentar más la capitalización que el empleo en las empresas.


Asimismo, según señala Victorio Valle en el artículo, serían necesarios crecimientos superiores al 2.5%-3.00% para que al menos el paro disminuya. En resumidas cuentas, estamos ante un imposible, un quiero y no puedo.

Así pues, a la vista de los datos (el paro sigue aumentando y el crecimiento del ultimo trimestre va a ser revisado a la baja, lo que implicará un nuevo aunque leve aumento del déficit), la hipótesis de un posible rescate parece que comienza a tomar fuerza porque hoy más que nunca parece factible que España no sea capaz de pagar su deuda en algún momento del tiempo. Y realmente las amenazas de De Guindos no son veladas: si finalmente nos intervienen (oficialmente porque de facto ya lo estamos) podríamos entrar en una espiral de deuda de la que nos podría costar salir muchos años, incluso décadas. Aunque el caso griego no sea exactamente igual que el español, podemos tomar como referencia los resultados del rescate: una contracción del PIB del 6.9% y una escalada de la tasa de paro hasta el 20%. Quizás nos puede parecer todo esto algo surrealista y que nunca pensamos que pudiera pasar en Europa, pero esto es el pan de cada día de muchos países del Tercer Mundo, sobre todo en África, en los que el gasto que representa el pago de intereses de la deuda supone dos e incluso en algunos casos hasta nueve veces el gasto en sanidad o educación. Y ojo porque hasta la fecha los países inmersos en esa espiral de deuda siguen dentro de ella.

Para remate, un rescate de España sería muy costoso (¿habría dinero suficiente en el EFSF o nuestros vecinos alemanes y franceses tendrían que rascarse el bolsillo?) y extremadamente complejo (¿cuántas competencias hay transferidas a las Comunidades? ¿Cómo se interviene ahí?). Recordemos que las Comunidades Autónomas representan actualmente dos tercios del gasto público y que, en caso de intervención, probablemente se suspenderían todos los poderes de las autonomías. Quizás la sra. Aguirre no iba tan desencaminada el otro día…

Finalmente un apunte por si todo esto aún no les ha escalofriado ya: echen un vistazo al informe publicado por Carmel Asset Management, The Pain in Spain, en el que se asegura que las cifras de déficit son un 50% superiores a lo oficialmente declarado. No tiene desperdicio.

¡Qué Dios nos pille confesados.. porque esto no ha hecho más que empezar!



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