Interesante la información que desvela hoy Bloomberg: los traders de algunos de los mayores bancos del mundo llevan más de una década amañando las cotizaciones de divisas para obtener el peor precio posible para sus clientes y obtener beneficios con ello. En particular, donde se ha realizado la jugada es en el precio del benchmark de WM/Reuters, un valor que es utilizado habitualmente por los fondos de inversión para calcular el valor diario de sus carteras, así como por empresas que elaboran índices tales como FTSE o MSCI.

El cálculo de dicho benchmark, que se realiza de forma automática y anónima para 160 cruces de divisas, se realiza tomando la mediana de todas las operaciones realizadas en un determinado minuto, comenzando el cálculo 30 segundos antes de cada media hora en el caso de los principales cruces. En el caso de que no haya suficientes operaciones en el período de referencia, el cambio establecido se obtiene como la mediana de las órdenes que aparecen en el bid y en el ask.

La cuestión es que algunos clientes así como gestores de fondos piden a los bancos que les compren o vendan divisas al precio establecido en el fixing de WM/Reuters, habitualmente sobre las 4 pm, hora de Londres. Recordemos que este tipo de operaciones suelen realizarse, por ejemplo, para empresas que realizan un gran volumen de exportaciones e importaciones, o para gestores que necesitan replicar un determinado índice bursátil en su fondo y necesitan replicar el comportamiento de la divisa en la que cotiza el índice.

El problema es que al concentrarse el cálculo en determinados momentos del tiempo, los traders del banco tienen incentivos a ajustar sus propias posiciones antes del cálculo cuando entra una orden del cliente de un tamaño que puede mover el mercado. Es decir, hablando en plata, hacen frontrunning con las órdenes de los clientes. Y la excusa de los traders la más lógica: si no hacían eso, se arriesgaban a perder dinero del banco.

Tal y como explican en el artículo, si un trader por ejemplo recibía una orden a las 15.30 h. para vender 1 billón de euros contra francos suizos a las 16.00 h (cuando se calcula el benchmark), entonces podía vender sus propios euros a precio mayor para hacer bajar el cambio EURCHF de tal forma que podría recomprar el par a un precio mejor a las 16.00 h... utilizando la orden de su cliente! Simplemente bastaría con fraccionar la orden del cliente en el período de 60 segundos en el que se calcula el benchmark (recordemos que se calcula la mediana, así que cuantas más órdenes haya más se distorsiona el precio). Por supuesto se trata de una práctica altamente rentable: en el ejemplo anterior, moviendo una cantidad como la que solicita este cliente, el trader podría embolsarse 100.000 € por cada pip que se mueva el precio a su favor y prácticamente sin riesgo alguno. Para remate, el trader normalmente se lo comenta al resto de traders del banco, y a otros brokers y bancos para alinear su estrategia y generar el mayor daño posible al cliente (o el mayor beneficio para los participantes en el asunto, según se mire...). Y a todo esto debemos sumarle que es una práctica que se realiza sobre todo en los pares menos líquidos porque obviamente funciona mucho mejor. El único peligro que podemos encontrarnos es que un trader de otro banco reciba una orden de signo opuesto y empiecen a pasar cosas raras en el momento de calcular el benchmark; por ello, normalmente los traders solían hacerlo con órdenes de clientes por un importe superior a 200 millones de euros y hablando con otras mesas para asegurarse de que la cosa estaba muy clara y que no pasaría nada raro.

Por supuesto la FCA (anteriormente FSA) ya ha dicho que investigará el asunto a fondo, aunque parece que podríamos estar ante un nuevo escándalo similar al del Libor... claro que en este caso estamos hablando de un mercado OTC a priori difícilmente manipulable así que probar que ha habido algo turbio aquí va a ser bastante complicado.

 

 



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