Un inversor al borde de la ruina solicitó un día una entrevista en nuestro centro, su vida, como la de todos nosotros, era una aventura digna de héroes. Por alguna razón (que él pretendía, le ayudara a analizar) se había visto abocado a una situación límite, extrema, en la cual sus riesgos económico-financieros ni siquiera eran lo más importante.

En esa primera entrevista relató que había leído mucho sobre la psicología de los mercados de bolsa, conocía al dedillo el discurso de la codicia y el miedo, había librado más de mil batallas con su “ego” y había pasado de la euforia al derrotismo tantas veces que era incapaz de establecer una línea base de quién y cómo era.

Las dimensiones casi “míticas” de su crisis conferían a aquel momento una densidad especial, sentía que me enfrentaba a un universal, a una problemática que se repetía una y otra vez y que, muy probablemente, sería el elemento central de los casos clínicos que había decidido empezar a atender de un modo preferente.

Era un hombre inteligente, podría asegurar a estas alturas que muy inteligente, el camino recorrido era sin lugar a dudas extenso, había vivido y había aprendido muchas cosas. No obstante repetía una y otra vez un mensaje, una consigna automutiladora que podría sintetizarse en dos palabras “no aprendo”, no soy capaz de aprender, siempre me sucede lo mismo, estoy harto, cansado, desesperado...

¿ Por qué siempre me sucede lo mismo?
¿Por qué no soy fiel a mi sistema?
¿Por qué siempre cometo el mismo error?

Todas sus preguntas ahondaban en lo mismo, el mismo lugar, el mismo error una y otra vez, ¿cuándo acabaría aquel suplicio?

Con una sencilla técnica Eriksoniana, consiguió relajarse un poco y ganar algo de perspectiva en el análisis. A estas alturas todo quedaba como en un segundo plano lo que lo hacía más abordable, más comprensible y, sobre todo, más analizable.

En su cara, por primera vez desde que comenzó la entrevista, se dibujó una sonrisa. Era una sonrisa franca y profunda.

Me contó historias de su niñez, de su familia de origen, de su lucha por la vida desde muy temprana edad. Extrañado por mis preguntas, también me habló de sus abuelos y sus tíos, acercándonos poco a poco a la construcción de un árbol genealógico lleno (como casi todos) de personajes fascinantes, de tíos que hicieron las Américas, y de abuelos infieles que casi mataron por un amor prohibido.

> “Quiero dominar mi ego, se que me está matando, no me lleva a buen lugar, toda esta desmesura”....

Sus urgencias se imponían, solicitaban pista en un aeropuerto lleno de incógnitas y de avionetas esperando partir a destinos sin explicitar. Incapaz de perder el tiempo en la elaboración de una hoja de ruta, lo importante era despegar... no importaba hacia que lugar...

 

Guillermo Robledo. Psicobolsa.com






Si te ha gustado este articulo, ¡compártelo en redes!