Vaya por delante que en este post no me voy a posicionar políticamente. No me gusta. De hecho nunca lo he hecho ni en el Foro ni en la web. Como mucho les confesaré que posiblemente a medida que me he ido haciendo mayor y cambiando mi sistema de necesidades, mis convicciones han ido moviéndose inevitablemente desde la izquierda hacia el centro. Seguramente un proceso que muchos de los que me leen y rondan mi edad (ya estamos en los 34 años) hayan padecido también.

El caso es que estaba reflexionando acerca de las elecciones de este domingo y me gustaría compartir con Vds. algunas ideas que estoy seguro de que además suscitarán algo de debate. De entrada ya les adelanto mi voto: no votaré. Sencillamente cada día creo menos en el sistema y en la democracia; lógicamente la gente puede pensar como desee y respeto su opinión, pero mucho me temo esta crisis está enseñándonos muchas cosas y cambiando puntos de vista que parecían inamovibles hasta hace poco.

Si analizamos los hechos nos daremos cuenta de que todo está conectado y de que nada es casual. No en vano las crisis no son más que la consecuencia de la excesiva dependencia del sistema financiero por parte de la economía real. Reconozcámoslo: sin un poco de apalancamiento, la felicidad a través del consumo no sería posible. Sin tarjetas de crédito, hipotecas para vivienda y préstamos al consumo la vida no sería igual. El problema se presenta cuando la expansión del crédito llega a su tope y la cosa se frena; es entonces cuando comienza la crisis. Y no habrá forma de pararla hasta que no se limpie el mercado de crédito. Esto es, hasta que no se recupere la confianza, hasta que los bancos no decidan que ha llegado el momento de volver a dar liquidez al resto de los mortales. Y eso lo decidirán exclusivamente los propios bancos cuando crean que es adecuado. Ni los políticos lo van a conseguir (el efecto ha sido más bien el contrario: los bancos han logrado chantajear a los políticos: o me das pasta para tapar agujeros o dejo caer el país) ni tampoco los bancos centrales (el BCE presta el dinero al 1.25%, pero los bancos no transmiten esos tipos tan bajos a sus clientes).

El problema es que esa dependencia quizás se está pasando de rosca. Peor aún: el poder financiero está superando al poder político. Si no, miren esta curiosa casualidad: Mario Draghi, actual presidente del BCE, fue vicepresidente para Europa de Goldman Sachs entre 2002 y 2006. Por su parte Mario Monti, sin duda un candidato clarísimo y aparentemente acertado para sustituir a Berlusconi, fue asesor internacional de Goldman Sachs precisamente en el período en el que dicho banco estadounidense ayudó al gobierno griego a ocultar su déficit; esto resulta especialmente llamativo además porque Monti fue alumno de James Tobin (sí, el de la tasa), un keynesiano convencido. Y como colofón Lukás Papadimos, que fue gobernador del Banco Central de Grecia entre 1994 y 2002, por lo que también participó en el falseamiento de las cuentas nacionales griegas con Goldman Sachs, que permitieron la entrada del país heleno en el Euro. Y no debemos olvidar que esta lista está incompleta: el banco de inversión cuenta con una importante red de consultores con gran influencia en la Unión Europea.

Cualquier que lea esto desde otro planeta pensará que, efectivamente, los seres humanos estamos locos porque da la sensación de que hemos puesto al lobo a cuidar a las gallinas. Está claro que ninguno de los tres son hombres de Estado, sino tecnócratas que seguramente harán muy bien su trabajo pero no les temblará la mano a la hora de recortar dónde sea en la cuantía necesaria.

Dicho esto, las siguientes preguntas son inevitables: ¿Qué objetivos tiene esta maniobra? ¿La trampa tendida a Grecia fue un cebo para desencadenar toda la debacle actual? ¿Se pretende cambiar el funcionamiento de los gobiernos europeos, incluso suprimir el Estado de bienestar? ¿Significa todo esto que es probable que con el tiempo el poder financiero reemplace al poder político?

Las respuestas a estas preguntas son complejas y posiblemente sólo el futuro nos dará la respuesta. Quizás cuando veamos a unos cuantos tecnócratas en el gobierno español tendremos alguna pista. Mientras tanto parece que la pantomima de las elecciones forma parte del panem et circenses que se le da al pueblo para entretenerle y que no piense más allá. Así pues, no cuenten con mi voto para que la rueda siga girando. Sinceramente, casi preferiría que los bancos presentaran sus candidaturas en lugar de los partidos políticos. Al menos ahí sí que decidiríamos sobre los que van a mandar de verdad.

 

PD: Un excelente libro para continuar con la reflexión: El Banco: Cómo Goldman Sachs Dirige el Mundo de Marc Roche.



Si te ha gustado este articulo, ¡compártelo en redes!