El Panorama Macroeconómico XVI

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“El que posee mucho dinero puede especular, el que tiene poco no debe hacerlo, el que está arruinado se ve obligado a ello”. Esta frase lapidaria de André Kostolany puede ser aplicable a los mercados hoy en día. El número de arruinados, que ha crecido en los últimos tres años con un vigor no visto desde el cuatrienio 1929-1933, ha aumentado el número de desesperados capaces de hacer cualquier cosa con tal de recuperar lo perdido. Tengamos esto en cuenta antes de empezar a invertir los ahorros en alguno de los mercados disponibles. Siempre hay alguien más preparado, más experimentado, con más sangre fría y, sobre todo, con mejor información, que va por delante y vive de los sueños de los demás.

La previsible mala campaña navideña a la que hacía mención en Panorama Macroeconómico (Diciembre 2002) se ha confirmado, incluso más allá de mis expectativas. Ha sido la peor desde 1971, según los últimos datos. Los resultados de las grandes cadenas de distribución nos darán una medida de las repercusiones según vayan desgranando resultados.

Por otro lado, la previsible bajada del dólar continúa, tal y como se mencionaba en el mismo artículo. Ayer cotizaba a 1.07 dólares por euro. Aún hay margen para una última subida, pero poco, de forma que es probable una estabilización a corto plazo. No creo que llegue a 1.10 dólares por euro, pero más que por razones económicas porque las autoridades monetarias intervendrán antes para evitarlo. Gran parte de la economía estadounidense se basa en la confianza internacional en su moneda para realizar pagos, por lo que mantener la divisa es fundamental para la Reserva Federal y para la salud del país. Si el dólar se devalúa rápidamente, la bolsa estadounidense, a pesar de acumular bajadas menores que sus homólogas europeas y japonesa, dejará de ser rentable para los inversores y especuladores extranjeros por la devaluación de activos, con lo que la tentación de abandonar el sueño americano será cada vez mayor. De cualquier forma, el SP500 se mantiene sobre el 865, aunque trabajosamente.

Una vez hechas estas puntualizaciones, pasemos al análisis. Las perspectivas están empeorando, y en este momento estamos en un punto crítico, que definirá si la actual crisis se vuelve más larga y virulenta, con algunos rasgos comunes a la enfermedad japonesa o por el contrario las economías mundiales se recuperan poco a poco.

En Estados Unidos, aunque técnicamente no hay deflación, con lo que podríamos llamar estadísticas callejeras sí la hay, puesto que lo único que ha evitado la caída en ésta han sido los productos energéticos, cuyas alzas están motivadas por efectos coyunturales que han hecho disminuir la oferta de crudo, como la crisis venezolana. Debe tenerse en cuenta también que esta deflación la encontramos justo en el mismo momento en que el dólar está a cotas históricamente bajas (153 pesetas por dólar), por lo que existen fuertes tendencias teóricamente inflacionarias, sobre todo visto el déficit comercial de Estados Unidos (también batiendo marcas y en aumento). Teóricamente, si la economía de EEUU estuviera sana y robusta, una devaluación de casi un 20% respecto al euro en dos años debería producir tensiones inflacionarias considerables.

Que estas tensiones no sólo no existan, sino que además sean de signo contrario (deflacionarias), nos da valiosas indicaciones. La primera, que la deflación técnica en EEUU puede empezar despues de que la crisis en Venezuela se supere, y siempre y cuando en Iraq no haya novedades.

Existen leves síntomas de que la industria puede entrar en un proceso de recuperación, a la vista de algunos ratios, pero yo tengo mis dudas a la vista del índice de horas trabajadas (en descenso) y, sobre todo, de la capacidad estadounidense, que sigue diez puntos por encima de las cifras mínimas que podrían generar un proceso de inversión. Los datos de desempleo arrojan en el este último mes varias contradicciones, pero las encuestas a las empresas sobre sus intenciones de contratación este año son negativas en lo que respecta a contratación de personal e inversión.

La negatividad general de estos indicadores es cierta, pero lo que más me preocupa en este momento es que, justo cuando la industria ya ha purgado parte de sus deudas de la burbuja, y puede empezar a plantear tímidamente nuevos proyectos que mantengan el tono hasta la definitiva recuperación, las peticiones de crédito, justo en el mes de navidades, se han contraído con energía, haciendo caso omiso a la opinión generalizada de los analistas. Si recuerdan, este es uno de los principales “señalizadores” que les proponía seguir. Cuando el círculo crediticio que alimenta la espiral del consumo se contrae, las cosas se pueden empezar a poner mal de verdad.

Esto es precisamente lo que está pasando. Ahora asistimos a una combinación de factores: debilidad cambiaria, déficit comercial, déficit presupuestario, consumo y crédito debilitados; industria en fase de saneamiento pero con sobrecapacidad. El resultado de esta ecuación, salvo que la guerra de Iraq aporte ventajas desconocidas para EEUU, es una probable recaída en una recesión en los primeros meses de este año. Si los consumidores no ven seguro su porvenir y además su dinero gana valor o se mantiene de día en día, los créditos al consumo se contraen y la industria todavía no está entrando en una fase expansiva vigorosa por la sobrecapacidad, entonces encontramos que no se están corrigiendo los desequilibrios fundamentales y la coyuntura económica sigue debilitada.

La coincidencia de estos factores probablemente conduzca a la economía americana a una nueva recaída en la recesión hacia el verano.

Se plantea la duda de los efectos en la economía de la guerra de Iraq. Por una lado, el incremento de gastos militares y los costes de la desestabilización internacional en los precios del petróleo y del gas natural tendrán efectos contrapuestos sobre la economía estadounidense. Una subida del petróleo alejará la deflación transitoriamente, al tiempo que los aumentos de gastos militares incentivarán la industria militar, contra deudas contraidas a largo plazo, ya que la reciente bajada de impuestos decretada por el presidente G.W. Bush va a conseguir que EEUU viva por encima de sus posibilidades durante un tiempo.