Como suele ser habitual en X-Trader.net, cada vez que hay un hecho inédito en los mercados financieros, me gusta dedicarle un artículo al tema para que quede un registro histórico de lo sucedido y podamos aprender de los errores del pasado.
Pero es que además en esta ocasión, el tema tiene más miga de la que parece, no tanto por el virus que nos acecha a todos ahora mismo sino por las consecuencias hasta cierto punto imprevisibles que toda esta suma de acontecimientos puede llegar a tener.

¿Qué Está Pasando?
El momento que estamos viviendo es evidentemente de pánico. Basta con echar un vistazo a los gráficos semanales de los principales índices americanos:

Dow Jones Crisis Coronavirus

 

Nasdaq Crisis Coronavirus

S&P 500 Crisis Coronavirus


Básicamente tenemos caídas de en torno al 30% en los índices americanos. Pero lo llamativo de este movimiento no es tanto la magnitud (que también) sino la velocidad con que se ha producido. De hecho, el S&P 500 ha marcado un récord histórico al pasar a situación de mercado bajista en tan solo 16 días:

Rapidez Caída S&P 500


En Europa como se pueden imaginar, las cosas no han ido mucho mejor. Los gráficos del Dax y el Ibex 35 lo dicen todo, con caídas que rondan el 40%.

DAX Crisis Coronavirus

Ibex 35 Crisis Coronavirus


¿Y qué nos dice el indicador del miedo por excelencia? El VIX ha marcado niveles cercanos a los que vimos durante la crisis de 2008 (y no parece tener pinta de frenarse):

VIX Crisis Coronavirus


Los bonos, por supuesto, no podían hacer otra cosa que… ¡bajar! Sí, amigos, así se rompen las correlaciones cuando hay pánico en los mercados financieros:

Bund Crisis Coronavirus

US Treasury 10 Years Note Crisis Coronavirus



Lógicamente la bajada de precios de los bonos impulsaba sus rendimientos al alza:

US Treasury 10 Years Note Yield Crisis Coronavirus


Curiosamente mientras los yields de los bonos suben, estamos en un contexto de bajadas de tipos de interés e inyecciones de liquidez a nivel global que han puesto el precio del dinero a niveles cercanos al 0% en las principales economías:

Tipos de Interés a Cero

Mientras tanto el Dólar volando contra todas las divisas, tal y como muestra el Dow Jones FXCM Dollar Index. Desde luego, una apreciación de más del 5% en el dólar estadounidense no es cualquier cosa:

US Dollar Index Crisis Coronavirus

La explicación a este movimiento está precisamente en la escasez de dólares provocada por el hecho de que se están deshaciendo simultáneamente multitud de operaciones de financiación que obligan a devolver dólares que hay que comprar en el mercado. La prueba más contundente es este gráfico de ayer donde se ve claramente cómo el Banco Central Europeo ha tenido que salir a realizar subastas especiales de swaps para los bancos de la Eurozona por importe de 112.000 millones de dólares, en lo que constituye la mayor cantidad desde la crisis financiera de 2008.

Swaps Dolar BCE en Máximos


Este hecho explica también muy bien por qué ni el Oro ni el Franco Suizo ni el Bitcoin han funcionado como valor refugio como en otras ocasiones:

Oro Crisis Coronavirus

USDCHF Crisis Coronavirus

Bitcoin Crisis Coronavirus


Es tal la demanda de dólares del mercado para deshacer posiciones previas que se vende absolutamente de todo con tal de obtener liquidez, incluso hasta criptodivisas. No en vano el Bitcoin ha llegado a bajar más de un 50% desde sus máximos de febrero.

Por supuesto, no se me olvida el petróleo. Como no podía ser de otra manera, también ha bajado con mucha fuerza, mucho más que el resto del mercado. En concreto, desde que marcó máximos a comienzos de año en 65.60 dólares, ha llegado a perder casi un 70% de su valor, alcanzando el nivel de $20 ayer, niveles no vistos desde 2002.

Petróleo Crisis Coronavirus

Este último gráfico debería preocuparnos bastante por cuanto nos está diciendo muchas más cosas de las que parece. Más sobre esto en el siguiente epígrafe.


La Guerra del Petróleo
Y es que a río revuelto, ganancia de pescadores. O lo que es lo mismo: si puedes hacer daño, hazlo cuando más débil esté tu oponente. Al menos este parece el principio que está guiando la actuación de Rusia en el mercado de petróleo. Si no, no se entiende por qué los rusos se negaron a aprobar el mayor recorte en la producción del oro negro en la reunión que mantuvo la OPEP en Viena el pasado 6 de marzo. Dicho recorte debía contar con el apoyo de los países que no son miembros de la organización, pero Rusia se negó poniendo a prueba la unidad de la OPEP.

Como castigo, tras terminar la reunión y no conseguir su objetivo, Arabia Saudí se tomo la revancha y en un arrebato adoptó la medida opuesta: anunció que incrementaba la producción de petróleo forzando a la baja más aún los precios.  
El impacto fue demoledor e instantáneo: en la apertura del domingo por la noche tras esa decisión, los futuros del Crude Oil arrancaban la semana con este tremendo gap a la baja:

Gap Petróleo Crisis Coronavirus

Y todo esto en medio de una situación en la cual el mercado de petróleo se ve afectado tanto desde el punto de vista de la oferta (la guerra iniciada por Arabia Saudí puede tener consecuencias muy negativas para todos los miembros de la OPEP) como de la demanda (en condiciones normales, las aerolíneas y otras industrias estarían dando botes de alegría con estos precios del crudo, pero no es el caso).
Además, el intento kamikaze de Arabia Saudí de intentar llevar a Rusia a su terreno puede salirle muy mal: el pulso por ver quién tiene más músculo financiero para aguantar con estos precios seguramente lo gane Rusia lo que haría perder totalmente la credibilidad de Arabia Saudí como uno de los países líderes de la OPEP.

Y esto no acaba aquí: en la actitud rusa, muchos ven una venganza contra el fracking y la industria del shale oil estadounidense. Y es que tan solo 4 empresas del sector (Exxon, Chevron, Occidental y Crownquest) pueden perforar nuevos pozos de forma rentable siempre que el West Texas no baje de 31 dólares. Dicho de otro modo: vamos a tener en breve a cientos de compañías en EEUU que al calor de la burbuja del shale oil quebrarán si los niveles del crudo se mantienen por unos cuantos meses. Y ojo porque muchas de estas compañías se han financiado mediante préstamos, si la situación explota podríamos ver una nueva crisis bancaria en EEUU y lo cierto es que no está ahora mismo el horno para bollos, ¿verdad?

Ah, y no se olviden del impacto que puede tener esta bajada del petróleo en los precios de los combustibles y, por ende, en la inflación. Sí, esa variable macroeconómica que los bancos centrales de medio mundo intentan reactivar sin éxito para poder salir de la espiral de acumulación de deuda pública en la que se hayan inmersos. Y eso nos lleva precisamente a hablar de nuestros siguientes protagonistas: los bancos centrales.


Bancos Centrales: A Manguerazo Limpio
Desde luego no es ninguna novedad que los bancos centrales de todo el mundo estén bajando tipos de interés de forma agresiva. El movimiento de la Reserva Federal del domingo pasado hizo ver a todo el mundo que la cosa estaba mucho de peor de lo que se pensaba: una bajada de 100 puntos básicos de golpe y porrazo significa terminar de borrar las subidas de los últimos 4 años. Todo el trabajo de política monetaria de años esfumándose por un virus mutante. Estoy seguro de que esto no se lo esperaban ni Powell ni Trump.

Sin embargo, estoy seguro de que muchos lectores coincidirán conmigo en que estas medidas que funcionaron hasta cierto punto en 2008 (realmente creo que fue un parche que iba a aguantar el tiempo que fuera) sencillamente NO van a funcionar ahora. E insisto en ese NO: estamos a un problema, el del Coronavirus, que afecta por igual a la cadena de producción como al consumo, estancando ambos. Lo único que realmente puede estimular la economía es el fin de la pandemia y disponer de una vacuna preventiva de una enfermedad que, en mi opinión, está demostrando más que de sobra que no es una simple gripe como inicialmente se nos quiso vender.

Evidentemente las medidas adoptadas van encaminadas a contener el impacto sobre el sector financiero de un problema que esta vez se origina en la economía real, pero poco más. Lo malo de esto es que deja a los bancos centrales sin mucho margen adicional de maniobra, ya que han agotado casi todas las balas de que disponían en un tiempo récord. Tan solo les falta intervenir comprando acciones en Bolsa (una medida muy del gusto de Trump) para generar un efecto riqueza artificial. El problema es que en Japón ya lo han hecho y el experimento ha salido rana: tras acumular el 73% de los ETFs emitidos en el país nipón, el Banco de Japón se encuentra ahora con que tiene una pérdida de entre 2 y 3 billones de yenes tras el crack de estas semanas.

No contentos con este exitoso trade, para remate el Banco de Japón ha decidido doblar el importe anual de compras de ETFs hasta los 12 billones de yenes en lo que parece un intento de martingala (y los que sabemos algo de trading, conocemos cómo suelen terminar estos experimentos). Además, parece que al sr. Kuroda se le olvida que los Juegos Olímpicos de Japón penden de un hilo y que su cancelación puede asestar un duro golpe a la ya de por sí débil economía nipona.

Compras BoJ de ETFs


 
El Impacto Económico de la Crisis
Y aquí viene el por qué del título de este artículo. En mi opinión, el impacto de la pandemia de Coronavirus va a dar un vuelco a nuestro modelo de sociedad, a la política doméstica e internacional y, por supuesto, a las relaciones económicas y en la forma en que entendemos el mundo actual.

Voy a dejar de lado toda la parte social (¿El consumo nos hace más o menos felices? ¿Se han perdido los valores y la solidaridad?) y política (¿Pudieron hacerlo mejor nuestros políticos? O siendo conspiranoicos, ¿hasta qué punto toda esta crisis no es una maniobra para conseguir otros objetivos ocultos? ¿Quizás esto es el resultado de un experimento fallido o un test de guerra biológica?) porque, como se pueden imaginar, hay mucha tela que cortar y el artículo se podría hacer kilométrico.
Centrándonos en la parte económica de esta historia, empecemos por el error que muchos analistas cometen al comparar esta crisis con las de los años 1929 o 2008. Esta NO es una crisis originada en el sistema financiero por lo que se parecen lo mismo que un huevo a una castaña. Si hay que comparar con algo sería con el impacto de la peste negra en el siglo XIV (también catalogada como pandemia) o, más recientemente, con la gripe española de 1918-1920. Evidentemente las medidas de higiene y los conocimientos actuales no son los de aquellas épocas y eso limita en buena medida el impacto de la actual pandemia de Coronavirus, pero a cambio tenemos un colaborador necesario en su expansión: la globalización.

Lo que es seguro es que el impacto va a ser nefasto en la economía. Como vengo diciendo en las últimas semanas, a mí no me preocupa el ahora (estoy seguro de que antes o después saldremos de esta) sino el después. Las primeras estimaciones de Goldman Sachs hablan de crecimiento cero en el primer trimestre de 2020 (en breve lo confirmaremos) y una caída del 5% del PIB en EEUU, con una pérdida estimada de 3 millones de empleos.

Y es que lo que no nos están contando es que lo que se nos viene encima tiene un nombre y no es recesión: técnicamente, de seguir todo como parece que va a seguir nos vamos a meter en una depresión. ¿Cuál es la diferencia? Generalmente se considera que una economía está en recesión cuando se producen dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo. Por su parte, estaremos en una depresión cuando se produzca una caída del PIB superior a 10%. Evidentemente antes de meternos en una depresión es obligatorio pasar por una recesión (incluso podría darse simultáneamente). Y las depresiones que se han producido en la Historia han coincidido con eventos tan importantes como el crack de 1929 que llevó a la II Guerra Mundial o la Revolución Francesa.

Y si no me creen o piensa que exagero, basta con pensar qué sectores de la economía se libran del impacto de la pandemia. De entrada, todo el sector servicios, en especial restauración, hostelería y turismo, se van a quedar muy tocados, sobre todo en España que tenemos concentrado casi el 70% de la actividad económica en ese sector.

En el caso particular del turismo, tenemos que este representa el 15% de nuestro PIB, siendo el segundo sector que más contribuye al empleo con casi 3 millones de trabajadores. Ahora piensen en cómo puede quedar de tocado el sector tras perderse las Fallas de Valencia o la Semana Santa (y ya podemos ir rezando para que las vacaciones de verano no queden tocadas también). Ya solo por esto podemos ver cómo se van al traste multitud de Pymes y se genera una explosión de desempleo que las exiguas arcas de nuestra querida Seguridad Social dudo mucho que puedan soportar. Sobre todo si tenemos en cuenta que nuestro endeudamiento público está peligrosamente cerca del 100% del PIB. Y ojo porque una subida de impuestos para financiar toda esta situación, incluidos los paquetes de ayudas prometidos por Pedro Sánchez, es totalmente inviable ahora mismo. Así pues, ¿cómo y quién va a pagar todo esto?

Por supuesto, la situación es similar en mayor o menor medida en el resto de países, lo que no invita a pensar en nada bueno a corto y medio plazo: si el trabajador inglés se queda en paro, no vendrá a visitar Magaluf este año. Porque el efecto a largo plazo más probable de toda esta crisis va a ser seguramente un frenazo a la globalización (seguramente le pongan el nombre de desglobalización), reduciendo notablemente en los consumidores un menor apetito por realizar viajes y la migración a otros países en busca de mejores condiciones laborales. Y esto es solo un aperitivo, porque las ramificaciones entrelazadas de la economía global actual llevarán inexorablemente a todas partes y a todos los sectores el impacto negativo de la pandemia. Tan solo se beneficiará seguramente el sector farmacéutico al cual el mercado premiará si logra encontrar una vacuna (y quizás algún retroviral) que logré controlar temporalmente la expansión del coronavirus.


Conclusión
Con este artículo he pretendido dar una visión panorámica de la crisis que estamos viviendo. Una crisis desencadenada por un virus en modo pandemia pero que saca a la luz las debilidades del sistema económico actual y cuyo impacto posiblemente se prolongue más de lo que pensamos en el tiempo. En el mejor de los casos, podemos tener un 2020 con crecimiento negativo; en el peor, podemos entrar en un ciclo de varios años de retroceso en el que habrá que replantearse muchas cosas, cambiar totalmente el chip en muchas otras y seguramente aprender a buscarse la vida de nuevo.

Espero equivocarme del todo en los augurios que lanzo en este artículo y que al final se quede en un mal recuerdo, pero mucho me temo que tendremos que aprender de los errores del pasado nuevamente por las malas. Lo único que me da algo de esperanza en esta tarde de jueves es pensar que la Humanidad en su conjunto ha sobrevivido a muchas crisis de este tipo en el pasado y que los sistemas globales complejos corrigen sus desequilibrios rápidamente.

En todo caso, espero que todos Vds. que me leen de cuando en cuando se encuentren bien al igual que sus familiares y seres queridos.

Un abrazo,
Alberto (X-Trader)