PARTE V: ¿QUIÉN DIJO MIEDO?

Hasta aquí todo parece fácil. Pero entonces ¿por qué muy poca gente emplea técnicas parecidas a las que estamos comentando y casi todos se centran en el corto plazo? Ya hablamos de la propaganda y del impacto de ésta en nuestro ego. Pero aun hay un par de motivos más.

La gente tiene mucho miedo a perder. Recientes estudios demuestran que los inversores sienten más dolor ante una pérdida que placer ante una ganancia. A todos nos obsesiona la pérdida. El miedo nos paraliza, no nos deja pensar. Y el miedo está muy presente en estrategias como la que estoy presentando. ¿Por qué tienen miedo los inversores a la hora de comprar acciones “valor”? En primer lugar por la proyección y, en segundo lugar, por los BPA negativos.

Es muy frecuente que veamos muchas empresas desplomándose literalmente aun teniendo ratios P/S, P/B, C/P, FCF/P muy bajos y una alta rentabilidad por dividendo. ¿Por qué? Porque tienen pérdidas. BPA negativos. Eso provoca que los inversores huyan como si de locos se tratase. Pensemos fríamente. Una empresa con buenas ventas, sin mucho endeudamiento, con un cash flow positivo, con mucho dinero en caja y con buenos productos, puede tener malas rachas pero seguro que tienen capacidad para recuperar. Lo que en el fondo estoy proponiendo es comprar buenas acciones con problemas (que van a producir que los precios de sus acciones caigan en picado, convirtiéndolas en verdaderas gangas) pero con capacidad para superarlos (esa capacidad se pone de manifiesto con los ratios de valoración ya comentados).

Fijémonos el comportamiento de las “buenas empresas” frente al de las “malas empresas”. En el gráfico inferior vemos que esas empresas que nadie quiere por tener pérdidas son, en realidad, mejores inversiones que aquellas que todos quieren por ser empresas magníficas. Así que ¿debemos tener miedo ante las pérdidas? Pues siempre que analicemos profundamente la compañía y veamos que en ella hay valor, NO. No hay que temer a las pérdidas. Incluso habría que tener cierta predilección por ellas.


Los BPA, por tanto, tienen una gran incidencia en la percepción psicológica del inversor. Cuando una empresa presenta resultados, el BPA es la lectura clave. Todos están pendientes de ella. Sin embargo, sobre todo en países como USA en los que no existe un Plan General Contable, los beneficios obtenidos son magnitudes altamente manipulables. Es muy normal que determinadas empresas muestren pérdidas puntuales debido a un aumento de gastos extraordinarios, a la obligación de realizar importantes pagos, por un repentino incremento de los gastos, etc. Dichas pérdidas producen colapsos en los precios, caídas de más de un 50% en pocas sesiones. Sin embargo, a pesar de las pérdidas, la empresa puede haber incrementado sus ventas, saneado sus balances, mejorado sus eficiencia... En definitiva, los BPA pueden impedirnos ver magníficas oportunidades de compra, así que es mucho mejor centrar nuestra atención en las ventas o en el cash flow.

Otro factor que da mucho miedo al inversor medio y al gestor de fondos profesional es la volatilidad. Alguna vez comenté en foro mi opinión sobre la volatilidad. La doctrina más ortodoxa aprecia la volatilidad como sinónimo de riesgo. Sin embargo, los inversores contrarios ven la volatilidad como sinónimo de miedo y, por extensión, de buena oportunidad. ¡Cuánto daño ha hecho la MPT!

Los valores a los que nos estamos refiriendo, ya habrán caído mucho. Al caer, la volatilidad de los mismos se dispara. Es curioso, pero la experiencia demuestra que la volatilidad sigue subiendo hasta que los precios dejan de caer. Por lo general, la volatilidad se gira en el mismo mínimo de las cotizaciones. ¿Debemos tener, pues, miedo a la volatilidad? En absoluto. Cuando la volatilidad se dispara, el miedo se puede cortar y es en esos momentos en los que las acciones forman suelos.

No pretendemos cazar suelos ni techos. Eso es imposible. Lo que tratamos de encontrar son acciones baratas de buenas empresas en problemas pero con capacidad para superarlos y con un pesimismo enorme. Dicho pesimismo se puede identificar por haber sufrido fuertes caídas en los últimos tiempos y por tener una volatilidad muy superior a su volatilidad histórica media. Es frecuente que el volumen también sea muy elevado en las caídas. Si dichas caídas son verticales, mejor que mejor. ¿Por qué queremos miedo? Porque el miedo anticipa los suelos.


Debemos olvidar lo que aprendimos en la Universidad o lo que nos dicen los grandes teóricos del mercado. La MPT no funciona. Según esta teoría, es más peligroso comprar Endesa en el punto A que en el punto B. El sentido común nos dice lo contrario. El problema es que la MPT equipara riesgo con volatilidad. Esa medida de riesgo es más chartista que otra cosa, ya que es la evolución del precio (de naturaleza eminentemente emocional) la que según la MPT establece el nivel del riesgo. Para nosotros, la evolución caprichosa del precio no puede determinar el riesgo.

Para nuestra forma de operar, el riesgo presenta una doble vertiente:

1. Riesgo empresa: los cálculos siempre nos pueden fallar. Los problemas que nosotros teníamos como pasajeros pueden ir a más y dañar muy seriamente la estructura financiera de la empresa. Siempre corremos el riesgo de comprar una empresa que termine en bancarrota. Para minimizar el riesgo empresa, lo mejor es tener una cartera bien diversificada, no teniendo más de un 15% de la cartera en un mismo sector y entre un 3% y un 5% en cada una de las empresas.
2. Riesgo miedo: al comprar acciones de mucha volatilidad, debemos estar preparados para amplios movimientos a favor y en contra. Ni lo uno ni lo otro nos puede hacer caer en trampas psicológicas. Una caída del 20% en el precio sin que las situación fundamental empeore no es motivo para la venta. Debemos controlar el miedo. Así mismo, un movimiento al alza de un 20% tampoco es motivo para vender, a menos que el descuento con el que estábamos comprando la acción – por culpa de dicha subida en el precio – se haya eliminado por completo. Para luchar contra este tipo de riesgo, debemos ser conscientes permanentemente de que estamos comprando valor. Sólo podemos vender cuando lo que tengamos en cartera no sea valor.



Conclusiones
Una vez más hemos visto que los considerados “peores” valores ofrecen unos retornos muy superiores que los ofrecidos por los “mejores” valores. Sin embargo, el miedo a la pérdida puede paralizarnos e impedir que compremos esas buenas oportunidades de compra. No debemos tener miedo ante BPA negativos si el resto de los fundamentales son positivos, así como no debemos temer ante altas volatilidades ya que, como hemos visto, la volatilidad es una de nuestras principales aliadas. Por último, es también importante tener una cartera bien diversificada y tener siempre presente que tenemos una cartera con buenos fundamentales, ya que de esta forma estaremos luchando correctamente contra el Riesgo Empresa y el Riesgo Miedo.


Un saludo y mucha suerte
Quinito
 


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