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title: El Panorama Macroeconómico XVII
date: 2003-03-15T23:00:00Z
modified: 2024-07-05T16:23:08Z
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excerpt: Nuevo artículo de nuestro amigo Ignacio R.C. en el que se estima cuál puede ser la influencia de la guerra de Iraq en las economías occidentales, ya que es un problema cargado de efectos laterales, algunos de ellos impredecibles.
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  - Economía
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author: Ignacio R.C.
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Nuevo artículo de nuestro amigo Ignacio R.C. en el que se estima cuál puede ser la influencia de la guerra de Iraq en las economías occidentales, ya que es un problema cargado de efectos laterales, algunos de ellos impredecibles.

Y si los artículos sobre sistemas de Chapulin son buenos, los de Ignacio R.C. sobre Macroeconomía no tienen desperdicio alguno. En este artículo encontrarán todas las razones que justifican, desde una perspectiva macro, la operativa en el lado corto del mercado (ya saben, venta de futuros, compra de puts, venta de

(_NOTA: Estoy preparando un monográfico sobre la economía española, que tendré listo en unas semanas. Recomiendo su lectura_)

He esperado algún tiempo, para poder estimar con suficiente criterio cuál puede ser la influencia de la guerra de Iraq en las economías occidentales, ya que es un problema cargado de efectos laterales, algunos de ellos impredecibles.

En primer lugar, enfoquemos el problema geopolítico del suministro de petróleo. Estados Unidos, desde principios de siglo, produce grandes cantidades de crudo, aunque con costes marginales de extracción crecientes en los últimos años y, lo que es mucho más preocupante, reservas en proceso de agotamiento. Al ritmo actual de producción, en unos diez años quedarán agotadas las reservas petrolíferas en Estados Unidos. La fiabilidad de estas cifras, como la de todas en general, es limitada, y podría perfectamente estar sesgada a la baja. Pero nos da un valioso indicador acerca de que las fuentes petrolíferas de Estados Unidos a corto plazo no están garantizadas.

El hecho de que entre Iraq, Arabia, Irán y algunos países cercanos posean la inmensa mayoría de las reservas (las de México y Venezuela no son comparables), y que además los costes de extracción son de 2-3 dólares en los mejores yacimientos iraquíes contra los casi 20 de las explotaciones británicas del Mar del Norte nos proporciona un segundo punto de apoyo.

Los efectos de una guerra exterior; es decir financiada por un estado fuera de sus fronteras y sin acciones en su territorio, ya se ha estudiado. En general, el consumo se contrae, las personas tienden a tomar menos servicios y viajar menos. La inversión del estado se desplaza para financiar repuestos armamentísticos y se lanzan, aprovechando el momento, ambiciosos proyectos militares. Naturalmente, a mayor duración de la guerra, mayor deterioro.

Las guerras, normalmente, han llevado aparejadas recesiones a continuación, sobre todo si han sido largas. Es falso el mito de que las guerras traigan prosperidad, salvo que ésta venga por la imposición de pagos compensatorios del vencido al vencedor.

Ya comentaba en mi último artículo los posibles efectos a largo plazo, derivados de unos precios de crudo muy bajos y de financiar la reconstrucción de Iraq a cambio de petróleo. Sin embargo, estos beneficios son potenciales; es decir antes de que se produzcan el resto de las potencias europeas y China tendrían que consensuarlos, y recordemos que empresas como TotalFina o Lukoil tienen grandes intereses en Iraq y, sobre todo, la promesa de grandes beneficios futuros en concesiones.

Ya saben que no me gusta meterme en camisas de once varas que no conozco suficientemente, como por ejemplo la diplomacia o la política exterior, pero también me parece bastante obvio pensar que un ataque a Iraq sin el plácet del Consejo de Seguridad podría tener consecuencias imprevisibles, incluso dentro de un mundo árabe dividido, y sobre todo si forma parte de algún plan de gran alcance para remodelar el mundo árabe según patrones norteamericanos.

En estos momentos, es muy difícil hacer estimaciones correctas de las cifras, ya que existen importantes sesgos y tendencias psicológicas, derivadas de una guerra considerada inminente, que pueden hacer patinar en el resbaladizo mundo del análisis.

De cualquier forma, hecho este pequeño inciso, pasemos a analizar la situación macroeconómica. Como ya se comentaba en “Panorama macroeconómico: Enero 2003”, la senda descendente de los tipos en Europa se va convirtiendo en realidad, y posiblemente aún le quede camino a la baja.

El dólar ha alcanzado la cota de 1.10 unidades por dólar, que se puso como límite “de confianza” antes de proceder a actuaciones de intervención. La bajada de los tipos en Europa prácticamente ha coincidido con este nivel, aunque obedece también a causas internas, que se analizarán. A nadie le interesa un dólar tan bajo. A Europa porque merma la competitividad y a Estados Unidos porque erosiona su credibilidad política y hace menos atractivos sus mercados de valores por el riesgo cambiario. Existen fuertes presiones bajistas sobre la moneda americana, que ha sido intervenida al menos dos veces en los últimos sesenta día, la última este jueves/viernes, además a gran escala.

Económicamente, el dólar no tiene motivo para no seguir bajando, hasta que su balanza comercial se equilibre en cifras asumibles. Sin embargo, descensos en su cotización pueden poner en duda la credibilidad de Estados Unidos, por lo que son previsibles nuevas intervenciones, que pueden o no parar la tendencia bajista. Mi opinión es que, salvo el pico que se producirá en caso de guerra, a corto plazo intentarán sostenerlo en el nivel 1,10.

Con los datos disponibles, parece bastante lejana una recuperación de su economía. La inversión de las empresas se mantiene en niveles muy bajos y las perspectivas no son de repunte. La productividad sube, pero, paradójicamente, el número de horas trabajadas desciende, mientras el sistema sigue diez puntos porcentuales por debajo de Europa en uso de capacidad instalada. Es decir, ésta se sitúa muy por encima de lo necesario y se están saneando las cuentas de las empresas vía despidos, al tiempo que no hace falta trabajar más horas por la debilidad de la demanda y se están eliminando empleos.

Lo anterior no es obstáculo para que el déficit comercial de Estados unidos sea enorme, y siga creciendo cada mes. Este año probablemente supere los 400.000 millones de dólares, cifra fenomenal incluso para el tamaño de la economía del país, y preocupante si se tiene en cuenta que las exportaciones, con un dólar tan bajo, se deberían estar recuperando, algo que no se vé en estos momentos. El último mes se han destruido empleos del sector de manufacturas y servicios, casi 140.000 sólo en estos dos sectores, de un total de 308.000, datos tan malos que sugieren que los del mes anterior no eran correctos por lo buenos que fueron, independientemente del efecto del crudo invierno y las tormentas.

Es el peor de los escenarios posibles, puesto que se combina al elevado endeudamiento de empresas y particulares, y a unos tipos de interés que, de subir, pueden poner en serios aprietos al sistema bancario por impagos.

Las cifras de confianza del consumidor han bajado sensiblemente, reflejando la intensa destrucción de empleo. Otras cifras como el consumo, dado esta semana y con descensos del 1,6% pueden llevar el crecimiento del PIB a terrenos negativos este trimestre en Estados Unidos.

En cifras económicas oficiales de Estados Unidos, el desempleo ronda el 5.8%. Empleando el sistema francés de contabilización, a modo de ejercicio didáctico, esta cifra se elevaría holgadamente hasta el 8%, ya que las cuentas norteamericanas no tienen en cuenta, por poner sólo dos ejemplos, ni la población presidiaria ni las personas que trabajan a media jornada, por ejemplo, mientras que en la contabilidad europea no es así. Existe otro efecto distorsionador respecto a las cifras del desempleo en Estados Unidos, y es que la inmigración ilegal, sobre todo de mexicanos, es muy importante en la economía y no está en las estadísticas. Cuánto peor sea el comportamiento de la economía mexicana, más inmigración ilegal, y más efecto sustitución. Teniendo en cuenta que millones de campesinos mexicanos, tras la entrada en vigor del TLC (Tratado de Libre Comercio), se van a ver arrojados de sus campos, no sería extraño observar un deterioro continuo del empleo en Estados Unidos, en los próximos meses o incluso años.

Por otro lado, el contrato de futuro sobre petróleo supera holgadamente la barrera de los 30 dólares, dependiendo de los plazos de entrega, algo que de mantenerse dos o tres meses más puede tener consecuencias graves para las economías occidentales y, sobre todo, para la estadounidense, basada en mayor medida que la europea en carburante barato y sin impuestos, y por lo tanto mucho más sensible que ésta a variaciones de precio en el mercado spot.

A corto plazo, debemos esperar los resultados de la guerra, que pueden trastocar por completo las relaciones internacionales de los últimos 50 años, en función del contexto. Si ésta es corta, no se destruyen los pozos de petróleo, se estabilizan los mercados de crudo a bajo nivel e Iraq empieza a producir, no hay ataques terroristas y el comercio internacional no se resiente demasiado, nos encontraremos en el mejor de los casos como estábamos hace tres meses, sólo que Estados Unidos con una gran deuda que pagar en concepto de gastos de guerra, que recibiría en forma diferida desde Iraq y que compensaría con una factura de petróleo más barata.

Sin embargo, también puede ocurrir lo contrario; que la guerra sea larga (entendiendo por larga más de un mes), que haya muertos estadounidenses en cantidades apreciables y, sobre todo, que los pozos de petróleo queden destruidos. Esto sería un auténtico desastre, ya que el precio del crudo podría alcanzar perfectamente precios entre 40 y 60 dólares, como ya se ha visto históricamente.

El escenario más probable, en mi opinión, pasa por una combinación de las características anteriores. Es improbable que la guerra sea larga, pero traerá problemas que ahora no se pueden prever, y con todo, me parecen remotas en el tiempo bajadas sensibles del precio del crudo, aunque sólo sea porque reconstruir el aparato exportador de petróleo de Iraq costará al menos un año.

Se habló en enero del intento de mantener el SP500 sobre el soporte de 865, que finalmente se ha perdido. Existe una importante divergencia en los contratos de opciones sobre futuros con subyacente SP500 y DJ, que marcan mayores primas para precios a la baja que al alza de los índices. Es decir, si alguien quiere comprar una opción (derecho de ejecución de un activo, en este caso una “participación del índice” a un precio y una duración preestablecidos, se le está pidiendo más dinero -es decir, se considera más probable el caso- a un bajista que a un alcista). Podemos interpretar esto como una creencia en el empeoramiento de las bolsas, algo acorde con el saldo comercial de futuros sobre SP500, que sigue corto.

En resumen: Situación mala, peor que el mes pasado. La guerra, a corto plazo y en el mejor de los escenarios posibles no arreglará nada, y en el peor puede hacer caer a Estados Unidos en una recesión importante. A largo plazo, podrían derivarse beneficios de un petróleo barato, aunque esto es algo muy remoto en estos momentos.

Respecto a Europa, la bajada de tipos responde a un triple objetivo. Por un lado, descargar el pago hipotecario de las familias, sosteniendo un poco más la burbuja inmobiliaria, que en estos momentos está sobrevalorada de forma importante, y con mecanismos especulativos en el sistema de financiación que pueden costar un revés serio a la banca europea y en especial a la española. El segundo motivo es sanear las deudas de las empresas, vía reducción de gastos financieros. El tercero es hacer menos atractivo el euro para los mercados de divisas y de esta forma hacer más competitivas nuestras exportaciones, y en especial las de Alemania.

En este país, las cosas van tan mal como ya se comentaba en el último informe, y la recuperación industrial francoalemana no parece confirmarse por los demás datos. Confianza del consumidor bajo mínimos, al igual que los deseos inversores de las empresas, paro y consumo. Sin embargo, insisto en el triple punto fuerte de la economía alemana respecto a la estadounidense: Déficit comercial, capacidad del sistema productivo y precios inmobiliarios más realistas.

Por ahora, perspectivas negativas para el conjunto del continente europeo, y también empeorando respecto al mes pasado.

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