Los que llevamos en esto de los mercados unos cuantos años y seguimos convencidos de que la manera de seguir en él es gracias a una mejora constante y en mi caso particular, automatizando la operatoria, coincidimos en muchos aspectos cuando enumeramos los factores a tener en cuenta para un buen plan de trading, lo único que nos diferencia a unos de otros es la manera de ponderar cada uno de esos factores.

La mayoría de nosotros afirmamos que los sistemas que utilizamos solo aportan una parte de la solución y nos apresuramos a añadir que la gestión de tesorería y riesgo junto con una buena diversificación son las claves para el éxito. No solemos mencionar el estudio de la bondad o robustez de nuestro plan de trading como un aspecto relevante. La bondad al igual que otras cosas difíciles de cuantificar “se le supone” o simplemente se desconoce.

La mayoría de los que abandonan el trading, lo hacer por haber perdido una gran parte del capital que han puesto en el mercado y lo curioso es que se van sin saber el porqué de su fracaso. La bondad te informa de lo que posiblemente te ocurrirá en el mercado si utilizas una determinada estrategia de trading.

¿Hay algo más importante que saber con cierta fiabilidad que puede ocurrirle a tus ahorros antes de que los pongas en el mercado?

Es muy habitual, que para prestarle la importancia que se merece al estudio de la bondad de nuestro plan de trading, uno debe haber experimentado en su propio bolsillo los errores que forman parte de la evolución natural del trader, como la sobre-optimización de un sistema, la utilización de un histórico demasiado corto donde no aparece todo tipo de tendencias, o simplemente, haber sido víctima de alguno de esos milagrosos sistemas que se comercializan por la red (quiero pensar que se ofrecen al público por falta de conocimientos) mostrando la evolución de su beneficio con una pendiente constante y que por aquellos misterios de la vida, dejan de hacerlo justo cuando nosotros empezamos a seguirlos.

Una forma de arruinarse más o menos rápida y por desgracia bastante común, consiste en utilizar los parámetros obtenidos en una optimización y aplicarlos directamente al mercado, porque nos parece que la estadística que arroja es tan espectacular que aunque se desvíe un poco de los resultados obtenidos no tardaremos en recuperarnos superando sin dificultades la posible mala racha.

El estudio de la bondad es el último capítulo y más importante de un plan de trading que permite cerrar el círculo de la mejora constante.

¿Cómo vamos a mejorar nuestros sistemas si desconocemos su verdadero comportamiento en el mercado?.

Normalmente se define la bondad de un sistema como la capacidad del mismo para repetir en un futuro lo que hemos conseguido sobre un pasado optimizado.

Cuando optimizamos lo que estamos haciendo en realidad, es ajustar nuestro sistema al mercado como un guante, sin darnos cuenta que cuanto más nos ajustamos al pasado más difícil será que se reproduzcan los resultados obtenidos en un futuro.
No pongo en duda la utilidad de las optimizaciones, porque también son parte fundamental de un buen plan, pero no podemos quedarnos con los resultados que nos dan porque simplemente el mercado nunca se comporta exactamente igual.
Es por todo ello que averiguar y cuantificar la bondad de nuestro sistema es vital para saber que podemos esperar de nuestro plan de trading.

Nuestro objetivo debería ser siempre el de aumentar, tanto los beneficios que nuestro sistema optimizado a conseguido sobre un histórico, como los beneficios obtenidos al aplicar ese mismo sistema y parámetros a un histórico que no hemos utilizado en la optimización. El producto de ambos equivaldría a un ratio que nos permitiría valorar y comparar nuestros sistemas.

Pongamos un ejemplo, si nuestro sistema “A” optimizado consigue sobre un histórico determinado 1000 puntos y nuestro sistema “B” consigue 800.

Imaginemos que ponemos los dos a trabajar en el mercado, transcurrido el mismo periodo de tiempo que el utilizado al optimizar, el sistema “A” nos da 300 puntos y el sistema “B” 600.

Ahora que somos conocedores de la bondad de nuestros sistemas, paradójicamente podemos afirmar que el sistema “B” es mejor que el “A”. Hemos tenido que dejar pasar un tiempo cuando de haber cuantificado la bondad lo hubiéramos sabido antes y hubiésemos aplicado el sistema correcto.

De nada nos sirve que nos den los resultados de un sistema si no se acompaña de la valoración de su bondad. Ambos conceptos están asociados indivisiblemente y a su vez condicionados por un tercero que es el histórico utilizado.

Uno de los métodos mas utilizados para averiguar la bondad de nuestro sistema es el de dividir el histórico en partes, optimizando una de las partes y aplicando los parámetros obtenidos sobre la otra parte no optimizada.

Un ejemplo seria, optimizar 9 meses, aplicar los parámetros obtenidos a los siguientes 3 meses (prueba externa), contrastar los resultados del periodo optimizado con los resultados de los 3 meses de la prueba externa, y así sucesivamente con todos los años de nuestro histórico.

Con este método obtendríamos una orientación de cómo se podría comportar nuestro sistema en tiempo real aunque corremos el peligro de que los periodos que hemos dejado fuera de la optimización no sean lo suficiente representativos de su comportamiento, pudiéndonos dar una información como mínimo insuficiente además de dificultar la comparativa con otros sistemas.

Particularmente considero que si disponemos de un histórico que nos informa del comportamiento de los precios en un periodo determinado, aprovechemos esa información y utilicémosla en su totalidad para cuantificar la bondad.


Método propuesto
Supongamos que queremos averiguar la bondad de un sistema que queremos aplicar en el Bund y disponemos de un histórico desde agosto de 1997.

En primer lugar dividiremos el histórico en trimestres (vencimientos) numerando cada uno de ellos.

Optimizaremos el sistema con todo el histórico disponible, obteniendo los mejores parámetros y tomando buena nota del resultado de cada trimestre.

Posteriormente, programaremos nuestro sistema para añadirle una condición que le prohíba realizar operaciones en un determinado trimestre y optimizaremos de nuevo; de esta manera cuando el optimizador pase por encima de la zona que hemos anulado no tendrá en cuenta lo que allí pudiera pasar.

El siguiente paso seria ponerle los parámetros obtenidos, incorporando de nuevo(quitándole la condición al sistema) el trimestre que habíamos quitado para ver que le hubiera ocurrido. Y ya tenemos un trimestre de prueba externa que podremos comparar y contrastar con el resultado de la primera optimización.

Si disponemos de 30 trimestres deberemos repetir el proceso 30 veces modificando en cada una de ellas el código del sistema.

Al final de todo el proceso tendremos 30 optimizaciones y 30 trimestres de prueba externa.

La diferencia entre el resultado de la optimización con todo el histórico y la suma de los 30 trimestres de prueba externa en porcentaje, es la bondad de nuestro sistema asociado a un histórico determinado. Es decir, si en el primer paso cuando optimizamos con todo el histórico obtuvimos 3604 puntos y la suma de todos los trimestres en prueba externa suman 2922, la bondad de este sistema asociada a este histórico es del (2922*100/3604) 81,1 %.
Si ponemos el sistema en el mercado y dejamos pasar 30 trimestres, la posibilidad de obtener 2922 puntos será considerablemente alta.

El proceso es indudablemente largo, pero la información que obtenemos nos permite entre otras cosas:

- Disponer de una prueba externa ( en este caso mas de 7 años) que garantiza una fiabilidad del resultado.

- Al aprovechar todo el histórico, incorporamos a nuestra prueba externa todo tipo de tendencias.

- Podemos ajustar nuestra gestión de tesorería al tener un mayor conocimiento de lo que posiblemente ocurrirá.

- Nos permite comparar sistemas quedándonos con los más bondadosos y no con los que más ganan.

- Nos permite saber con que compresiones se comporta mejor nuestro sistema.

- Nos enseña las circunstancias en donde falla más nuestro sistema

- Si sabemos como se comportaran realmente nuestros sistemas, tenemos información privilegiada para mejorarlo.

- Nos ayudara psicológicamente a superar los draws, porque simplemente ya sabemos que vendrán

- Y lo más importante, es como si hubiéramos estado 30 trimestres en el mercado sin gastarnos un euro, sabiendo si nuestro sistema funciona y qué podemos esperar de él.

He tenido la oportunidad de calcular la bondad de muchos sistemas y completísimos planes de trading y aún hoy, hay dos aspectos que no dejan de sorprenderme; el primero es que cuando más simple es el sistema más bondadoso suele ser, y el segundo, la facilidad con la que se puede perder porcentaje de bondad aun utilizando criterios aparentemente lógicos.

Un saludo
Manel Sarabia
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