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EL PANORAMA MACROECONÓMICO (I)

Escenario
Varios índicadores parecen indicar que la economía entra en una fase de recesión, cuyo alcance y magnitud están aún por definir.

El intenso crecimiento de los últimos años se ha basado en tres conceptos fundamentales. Por un lado, la fuerte inversión en bienes de equipo  desencadenada por la Nueva Economía, y que ha provocado fuertes endeudamientos y elevado apalancamiento en muchas empresas. Además, las ganancias bursátiles sostenidas en los últimos años, junto a los bajos tipos de interés han arrastrado a la bolsa a muchos asalariados, que han variado sus hábitos de consumo vistas las ganancias, pasando a tener EEUU una tasa de ahorro negativa. El tercer factor han sido los países asiáticos y alguno suramericano, absorbiendo inversión extranjera y dando elevadas rentabilidades a dichas inversiones extranjeras. Asistimos al fin de este estado de cosas, ya que las tres patas de este crecimiento están en retroceso.

Las principales inversiones en bienes de equipo no vienen de la Vieja Economía, sino de los valores de Telecomunicaciones e internet . Estas empresas se caracterizan por unos elevados apalancamientos y unos costes fijos elevados, al tiempo que sus costes marginales son reducidos, por lo que su flexibilidad es muy limitada en caso de reducción de la demanda del mercado. Éste ha entrado en una fase de depuración interna, al haber caído los ímpetus típicos de las épocas de toma de posiciones, de manera que el número de empresas nuevas ha bajado drásticamente. El índice sectorial de los bienes de equipo en EEUU se ha desplomado en el último trimestre.

Las ganancias bursátiles han propiciado que las economía familiares hayan asimilado las plusvalías de los valores como una partida más del presupuesto familiar, propiciando el consumo hasta límites no conocidos, llegando al punto de tener un ahorro negativo neto. Caídos los valores bursátiles, y especialmente aquellos de internet que adquirieron millones de pequeños inversores, es previsible una contracción de la renta y del consumo.

Adicionalmente, gran parte del desarrollo económico mundial se ha debido al crecimiento industrial asiático, ahora con claros excesos de capacidad productiva, al igual que la industria de EEUU.  La inflación en Japón ha sido negativa en siete décimas el último trimestre, evidenciando la inutilidad de las medidas gubernamentales y la naturaleza estructural de la crisis japonesa, que ya ha cumplido diez años.

Orígenes de la crisis de la Nueva Economía                                               
Examinemos cronológicamente lo ocurrido. Por un lado, los nuevos descubrimientos tecnológicos generaron expectativas de negocio que llevaron a grandes empresas a una carrera de posicionamientos en internet y telecomunicaciones, pagando elevados costes en bienes de equipo y considerables retribuciones a los expertos en la Nueva Economía. Simultáneamente, se produce una burbuja bursátil en dichos valores, en los que gran cantidad de pequeños inversores se implican.

Pasado un tiempo, el mercado se satura, y los cash flow negativos empiezan a ser cuestionados. Las Bolsas son las primeras en reaccionar, de manera que se acumulan pérdidas importantes en pequeños accionistas, que tardan en reacccionar y vender, pero que cuando lo hacen, provocan en muchos casos efectos de avalancha.

Al estar el mercado maduro, ya no se precisan nuevas inversiones de equipo, ya que además muchas empresas de la Nueva Economía empiezan a ser absorbidas por otras más grandes, que dejan de desarrollar nuevos proyectos de expansión para concentrarse en nuevas adquisiciones y en la reingeniería de procesos.

Conclusión: La fatídica concurrencia del final del ciclo expansivo de la Era Tecnológica con una burbuja bursátil y la crisis estructural en Japón, ayudada por los excesos de producción, nos llevarán probablemente a la crisis.


¿Qué factores pueden incidir sobre la duración y amplitud de la crisis?
En este sentido, se contemplan varios escenarios posibles. Por un lado, las aportaciones tecnológicas de la Nueva Economía a los consumidores aún no han terminado, y de hecho cuando la velocidad transmisión de datos aumente en varios órdenes de magnitud al implementar la fibra óptica masivamente, surgirán nuevas posibilidades de creación de mercado y oportunidades de negocio. El problema estriba en que estas tecnologías aún tardarán tiempo: Como mínimo un año largo antes de que puedan considerarse decisivas, y en ese tiempo el frenazo de la economía podría desanimar esta vía de negocio a cadencias mucho más lentas. Y de cualquier manera, simplemente supondría un aplazamiento del problema, y quizá un agravamiento, aunque el autor no considera probable que este balón de oxígeno llegue a tiempo.

Los ya mencionados niveles elevados de endeudamiento, la delicada posición financiera de muchas empresas, las tasas de ahorro negativas, las pérdidas bursátiles, el exceso de capacidad productiva y la crisis de Japón pueden complicar la crisis e invalidar las medidas de la FED para atajarla.

En resumidas cuentas, parece posible, si no probable, que la crisis actual sea el principio de un ajuste a nivel mundial no sólo de capacidades productivas, sino también de hábitos de consumo, y un nuevo salto cualitativo tecnológico no parece lo suficientemente próximo como para cambiar este futuro y transformarla en una nueva etapa de crecimiento.

¿Cuáles son las medidas a tomar?
La Reserva Federal parece haber captado el problema que se avecina, y poco a poco rebaja los tipos de interés. Este comportamiento podría reactivar la economía, cosa que sería lógica en una situación coyuntural de crisis motivada, por ejemplo, por una subida transitoria de los precios del crudo o por una crisis en Asia. Pero la recesión tiene aspecto de tener connotaciones estructurales, por lo que la reactivación podría no ser tal sino tan sólo una dilación del problema. Probablemente asistamos a una bajada en los tipos de 25 puntos básicos antes de dos semanas y como mínimo 100 más en los próximos meses.


¿Qué podemos esperar en Europa?
La economía europea, en contra de lo que pueda parecer, tiene mucho que ganar en este panorama, siempre y cuando esta situación no se dilate más de un año, o como mucho, dos. El retraso en desarrollar las Nuevas Tecnologías puede, paradójicamente, darle a Europa una posición clave en estos mercados, ya que van a surgir grandes oportunidades para comprar empresas vinculadas a internet en dificultades. Adicionalmente, el cambio favorable del euro y la vinculación de monedas suramericanas al dólar, como el peso argentino pueden abaratar las inversiones de las multinacionales europeas, al tiempo que se puede ejercer con mayor facilidad un control de la inflación al bajar el precio en euros del barril de crudo.  Sin embargo, si la crisis se alarga, la economía europea cederá, si bien su propia cohesión interna es un fuerte soporte en contra de cualquier crisis.

Ignacio R.C.
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